17/08/09 | 14:45: MEDUSA dice:
En la era de la comunicación más incomunicados,y en información,más desinformados y pervertidos. Gracias por compartir voces con quien está a l.200 km.entre cerros azules y cielos estrellados.
13/08/09 | 16:44: MEDUSA dice:
recién conozco tu página y me gustó tu blog y el blog de argentinidad,con el NewtonCard y las propuestas que amplían nuestras fronteras culturales.Gracias.Te sigo.
te invito a silvia-usapuca.blospot.com
El dinero, la fama, la gloria son imágenes que da el espejo falso de la hipocresía ... Ampliar
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anillo de oro
“Tomemos un anillo de oro. Tiene un agujero, y este agujero es tan esencial al anillo como el oro: sin el oro, el agujero (que además no existiría) no sería anillo; pero, sin el agujero, el oro (que sin embargo existiría) tampoco sería anillo. Pero si se han encontrado átomos en el oro, no es en absoluto necesario buscarlos en el agujero. Y nada dice que el oro y el agujero son de una única y misma manera (por supuesto, se trata del agujero en tanto que agujero, y no del aire que hay “en el agujero”). El agujero es una nada que solo subsiste, en tanto que presencia de una ausencia, gracias al oro que lo rodea. Igualmente, el Hombre que es Acción podría ser una nada que “se anonada” en el ser, por medio del ser que niega”. Alexandre Kojève, Introducción a Hegel.
Al comentar o analizar una película, incluso una serie de televisión, tenemos incorporada a priori la siguiente categoría en nuestro entendimiento del problema: “la película refleja la realidad tal como es”, y cuanto mejor la “refleja” consideramos positivamente su calidad y su valor estético. Propongo una hipótesis inversa, que consiste en partir del siguiente supuesto: “la realidad refleja aquello que reproduce la película”, a eso llamo refracción de la realidad en el discurso fílmico. Es el cine (o la televisión) la que produce realidad –entendida como efectos de realidad- y no a la inversa actuando performativamente sobre los sujetos espectadores: los hace ver, escuchar, reír, llorar, pensar, enojarse, enternecerse, imitar, aprender, cambiar; a eso llamo una buena película o serie de televisión. Y, a la vez, ese proceso de producción-consumo de nosotros mismos opera haciéndonos producir algo en nuestra experiencia que modifica nuestras prácticas. De modo que el sujeto espectador siempre es activo, hace algo con el cine que consume, produce prácticas que se incorporan de tal modo a nuestra subjetividad que nos hacen decir: “la película refleja la realidad”.
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